Escrito por José Ruibal
Dos perros se encuentran, se saludan oliéndose el rabo; hacen pis levantando la pata y se vuelven a oler. Hay un perchero.
Perro 1. (Tratando de disimular, le da un codazo al otro.)
¡Chist, chist, que nos están viendo!
Perro 2. ¿Quién? ¿Quién?
Perro 1. ¿Quiénes van a ser? Los hombres.
Perro 2. ¿Y qué? ¿Acaso ellos no hacen cosas peores?
Perro 1. Por supuesto, pero ya sabes cómo son. Nos olemos el rabo y ellos, los muy marranos, piensan lo peor.
Perro 2. ¿Y no dicen que son nuestros mejores amigos?
Perro 1. Eses es un cuento pasado de moda. Nuestro servicio ha fabricado esa creencia, pero la verdad es que los hombres, al mantenermos, aniquilaron nuestros mejores instintos.
Perro 2. Los hombres son buenos.
Perro 1. Nos han sobornado con su paternalismo.
Perro 2. Creo que eres un desagradecido.
(vuelve a olerle.)
Perro 1. ¡Qué dejes eso! Nos están viendo. Pensarán lo peor.
Perro 2. Creo que los hombres no son tan malvados.
Perro 1. (confidencial.) Si nos ven a dos perros oliéndonos el rabo, son capaces de levantarnos una calumnia o denunciamos por depravados.
Perro 2. Eres un extremista. Olernos el rabo fue lo primero que nos enseñaron nuestros padres. ¿Crees que nuestros padres iban a enseñarnos algo malo?
Perro 1. Claro que no, pero los hombres ignoran nuestra verdadera historia.
Perro 2. Los hay muy sabios.
Perro 1. Sólo saben de sus cosas o del modo de sacarnos provecho. Pero de nuestros verdaderos problemas, ni una palabra.
Perro 2. ¿Y por qué?
Perro 1. (Despectivo.) Carecen de sensibilidad.
Perro 2. Entre ellos se entienden.
Perro 1. Aparentemente.
(Perro 2 vuelve a olerle.) ¡Cuidado que eres pesado!
Perro 2. Perdona, es la costumbre.
Perro 1. ¡Pues corrígete! Los hombres de hoy, excitados por la publicidad y la películas pornográficas, son asquerosamente morbosos. Están vivendo lo que ellos llaman una civilización “sexy”.
Perro 2. ¿Y eso qué es?
Perro 1. Una verdadera revolución: los testículos, sublevados, se les suben al cráneo.
Perro 2. (Se hace cruces). ¡Qué barbaridad!
Perro 1. Por eso tenemos que andarnos con ojo.
Perro 2. Olernos el rabo es una necesidad.
Perro 1. Pero no delante de los hombres. Por muy honestamente que nos olarnos los rabos, ellos siempre pensarán que no olemos lo otro.
Perro 2. ¿Tú crees?
Perro 1. ¡Pareces tonto! A tu edad ya debieras saber que los hombres en los demás ven solamente sus obsesiones. Métete esto en la cabeza: sus obsesiones.
Perro 2. Un mahometano puede mirar hacia la Meca y un budista su ombligo, pero nosotros no podemos hacer con lo nuestro lo que nos dé la gana. Nos está bien empleado por haber abandonado la selva y hacerle la pelotilla al hombre.
Perro 1. (Aliviado.) ¡Al fin has comprendido!
Perro 2. Ahora lo veo clarísimo. (Indignado.) Nos imponen su hipócrita moral. Ellos nacen desnudos, se visten y luego andan desesperados por verse desnudos los unos a los otros, y siendo así se atreven a juzgarnos.
Perro 1. Sí, sí, vivimos alienados.
Perro 2. (Cada vez más decidido) Habrá que romper esas cadenas. Olernos el rabo es una necesidad vital. ¿Qué hacer?
Perro 1. Olernos clandestinamente.