Escrito por Marina José Díaz
El país de origen de los gitanos es la Índia, de las cuencas del río Indus. Pertenecían a las castas más bajas. Se considera que fueron perseguidos y hostilizados por la principal casta social de la Índia, que fue la causa de su vida nómade y desarraigada.
El éxodo de los gitanos empezó en los siglos VIII e IX después de J.C. Emigraron a través de Ásia y Europa dejando huellas de su raza en diferentes lugares.
Se calcula que unos 180.000 gitanos entraron en España en etapas, la mayoria llegaron a Andalucia en donde se quedaron.
Hay dos grupos de gitanos: los nómadas y los sedentários. Estos últimos, que formaban el grupo más grande, eligieron Andalucia como su patria final.
Semejanzas culturales como: el miedo, el orgullo, la vivacidad, la resignación y arrogancia son comunes de andaluces y gitanos.
La palabra gitano se considera originária de la palabra “Egipto”, aunque no haya prueba de que ellos hayan vivido en el Norte de Egipto, según algunos investigadores.
En Andalucía los gitanos encontraron después de sus árduas migraciones, una tierra que seguramente les pareció un verdadero paraíso, una tierra rica, a apesar de haber también mucha pobreza y miséria.
Las diferencias de cultura e identidad entre los nómadas y los própios habitantes del país eran demasiado grandes. Entre sus diferentes habilidades y dotes, los gitanos eran también propensos al hurto y al engaño. La población sedentária empezó a desconfiar de ellos, esto provocó que los gitanos se volvieron más arrogantes y hostiles y la justicia más intransigente.
Durante los siglos seguientes, despertaron los gitanos descon-fianza, racismo y manía persecutória en la población agrária.
Un decreto promulgado por los reyes católicos Fernando e Isabel, por su contenido inhumano y poco cristiano, puso a los españoles en contra a esta raza.
Los tiempos difíciles y horrorosos durante los siglos XVI y XVII no solo afectaron a los gitanos, como también al proletariado español y también la clase baja de toda Europa.
Felipe III, en Portugal ocupada por España, determinó el año 1580 que los gitanos que quisieran continuar viviendo en el país tenían que vivir en una población constituída por más de mil famílias, no podían usar sus vestidos tradicionales, ni su nombre e idiomas própios. Esto fue un golpe mortal para su identidad. Los gitanos, como raza y pueblo, habían de ser exterminados.
En Andalucía, sin embargo, eran aceptados por el pueblo e incluso por la aristocracia, que se hicieron protectores de algunas famílias gitanas. Fueron sus padrinos y en el bautizo adoptaron los nombres de sus protectores, como: Vargas, Amaya, Heredia, Reyes, Ortega, etc, los cuales desde hace tiempo son nombres conocidos de gitanos.
Para un gitano la família és la única y absoluta seguridad. Sin família no és nadie. El mayor y más temido castigo para el era arrancarlo de su família. Cuando le quitaban de su ambiente social, que era la condición de su vida normal, perdía su vitalidad y ganas de vivir, pero rodeado de su família, el gitano parece tener un temple de acero o bien se cimbrea como una varilla de mimbre que se doblega pero nunca se quiebra.
“Desde hace siglos, la familia gitana conserva en su estructura todo lo que más ama. Allí, puertas adentro, junto al candil, guarda la honra de su hermana o su hija; conserva su recuerdo y su veneración por los antepassados (una ofensa contra la memoria de los muertos es para los gitanos un delito gravíssimo que se paga con extema dureza); guarda respeto a su padre y a su madre (estoy hablando de um respeto auténtico, no de um cálculo financiero de cara a la herencia, ni de un temor al autoritarismo aprendido en la Inquisición); conserva su irrevocable amor a libertad; guarda como puede su idioma (¡su idioma, aún vivo o medio vivo después de tantos siglos acorralado!); conserva su orgullo y su altanería; conserva su fe en su propia cultura, y eso no es menos que una forma de fe en la vida”. (Félix Grande)
Professora – Coreógrafa – Intérprete – Pesquisadora